De
repente, ahí parado entre las 200 personas que miraban hipnotizados al
escenario, tuvo la sensación de estar en el momento y en el lugar indicado. La
sensación de compatibilidad, de comodidad, de pertenencia, de grupo y también
de movimiento. Porque aunque a veces no parezca, las cosas se mueven; las
personas hacen que las cosas se muevan. En fin, tuvo la sensación de saber que
estaba formando parte de la historia, que estaba haciendo historia.
La
mañana del 27 de noviembre del 2012 había comenzado como cualquier otra. Se
duchó, preparó su desayuno, no tenía tiempo de prepararse un café, así que
decidió tomar unos mates con dos tostadas; mientras tanto, repasaba los títulos
de las noticias del día desde su computadora. Lo habitual en cada mañana
apurada, más tarde las leería completas aquellas que le llamaran la atención.
Pero una sobresalió de inmediato: “Promueven
a La Plata como capital nacional del rock independiente”, titulaba el
diario local Diagonales. Al parecer, un grupo de concejales del Frente para la Victoria-Nacional
y Popular propuso a la ciudad donde vivía, para semejante título. La medida
tenía como objetivo que la Municipalidad se encargara de apoyar a las bandas y
solistas que no contaran con un sello discográfico (que son más de los que uno
puede imaginar), en la producción de contenidos. Aunque la noticia llamó la
atención, había algo que no lo sorprendía.
Pero
esta historia comienza mucho antes, casi seis años antes. En febrero del 2007,
cuando este joven vino a La Plata para probar suerte en Comunicación Social.
Sin haber cumplido la mayoría de edad (y sin el coraje suficiente como para
aventurarse en una carrera de Historia), su objetivo era llegar a ser
periodista, sin tener demasiada idea todavía de lo que eso significaba.Además de ser una de las pocas posibilidades para irse de Rawson (sus viejos lo hicieron elegir entre seguir en su casa o irse a estudiar a La Plata porque su hermana estaba ahí), otra de las razones que lo convenció era la música. Si bien había escuchado pocas bandas de la ciudad, dejando de lado a los míticos Redonditos de Ricota y Virus, sólo conocía a Estelares, Guasones, Don Lunfardo y el Señor Otario, Embajada Boliviana y (había escuchado muy poco de) Peligrosos Gorriones; pero sabía que la ciudad de las diagonales era un centro cultural. Sobre todo, para el rock del país.
La llegada al nuevo hogar no resultó complicada. El joven del sur fue adaptándose rápido a La Plata, aunque en esto no tuvo que ver la música, eso llegaría después. El principio es común al de todo estudiante del interior que es recibido por esta ciudad: Primero se empieza a conocer el lugar que lo rodea (facultad y barrio), para después recorrer el resto. Entre conocer a nuevos amigos, reencontrarse con los viejos, pasar el tiempo con alguna noviecita del momento y llevar la facultad a los tirones: pasaron dos años en los que no encontraba su lugar aun.
Algo
que es digno de mencionar y destacar, es que en La Plata la radio sigue siendo
uno de los principales medios para escuchar nueva música. A pesar del
transcurso de los años, el recambio generacional que eso supone en una ciudad
universitaria, la llegada de las nuevas tecnologías, el intercambio de
información gracias a las redes sociales; en la radio es donde una banda local
cobra notoriedad y comienza ser escuchada por un mayor número de personas.
Pasaron
dos años en los que nuestro joven no sabría bien, cuál sería su destino. Hasta
que conoció este mundo, el mundo de la radio. Apenas tuvo contacto, él quiso
meterse de lleno. Y el lugar indicado era donde todas las bandas nuevas querían
sonar, Radio Universidad.
Ubicada en la terraza
de la Biblioteca de la UNLP, la radio de la Universidad se muestra paradójica y
transgresora hasta en ese punto. No es difícil hacer la relación con la primera
transmisión radial realizada el 27 de agosto de 1920 en el techo del Teatro
Coliceo, más tarde sería popularmente conocida como “Los locos de la azotea”. No
sólo por el espacio donde se encuentra la radio, sino también por los
personajes que circulan. Muchos son los que pudo conocer, incluso con la
mayoría tuvo algunas charlas con alguna bebida de por medio. Pero si tuviera
que elegir uno de esos personajes, sería el de Pepe Fenton.El primer encuentro con este personaje de la Ciudad fue un viernes por la tarde en el invierno del año 2010. Él había ido a llevar unos audios para unos programas, favor que hacía constantemente como excusa a un amigo que trabajaba ahí para pasar por la radio, por lo menos. Fenton estaba en el estudio del lado de la consola junto a dos operadores tomando de una botella de whisky. “Hola, ¿querés pibe?”. Esas fueron las primeras palabras y nunca pudo borrárselas de la cabeza, al igual que la postura que tenía Fenton al arrimarle la botella que ya estaba por la mitad. Miró a su alrededor antes de contestar (divisó levemente que un operador le hacía un gesto negativo) y respondió con un temeroso: “No, gracias”.
Pepe Fenton es conductor de su propio programa en la FM de Radio Universidad, llamado “Fentotal”, y además, un experto del rock platense, principalmente porque lo vivió. A él no le contaron ninguna historia, él estaba presente en la época cuando las bandas de la Ciudad tocaban en garajes. “’Hubo un primer Garage que funcionó a principios de década y que era manejado por Rocambol’, rememora Pepe Fenton, haciendo alusión al local que se había montado sobre la calle 6 entre 43 y diagonal 74. ‘La entrada estaba a la altura de la calle, pero el salón quedaba en un subsuelo. Era la época de El Boulevard del Sol y de El Borda. Esa era una típica roquería cuyo principal objetivo era que tocaran bandas platenses y algunas de Capital’. Ahí, Fenton tocó junto a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, cuando la banda aún no había logrado conquistar masivamente los corazones del público”[1]... Porque antes de ser un experto en el tema, él fue el primer bajista de los Redondos. Hace más de 25 años, La Plata no sólo fue peculiar por encerrar calles numeradas, sino que también fue la ciudad dueña de los garajes más frecuentados de ese mundo paralelo que construye el rock. Mundo que se estaba formando recién.
[1] Ana
Clara Bormida y Carolina Sánchez Iturbe "Sencilla y crudamente rock".
Revista De Garage, julio 2011.
“Si
la calle se moja, mojate los pies y la cabeza
Poder estar en la radio le permitió empezar a conocer nuevas bandas que surgían de la Ciudad. Pero sobre todo, descubrió que esa cultura que es el Rock Plantense no nació de la nada. El periodista Oscar Jalil es otro de los personajes reconocidos que suele rondar por Radio Universidad, y aunque las charlas con este fueron más de carácter informativo, sirvieron sobre todo para entender al movimiento. “Yo ingreso en el diario El Día en el 91, y justo ahí había sucedido algo muy importante dentro de la movida platense: El Boulevard del Sol organizaba un concurso, La Plata Rock. Donde llegaron a la final Peregrinos (la banda de Manuel Moretti, antes de Estelares), los Peligrosos Gorriones y Míster América. Ese es un punto de partida para entender los 90. Ese es el momento donde ya se puede hablar de una efervescencia porque, en ese mismo concurso, hubo como 70 bandas anotadas”[1] , recuerda Jalil. “Por lo que yo viví, de ahí empieza lo que hoy conocemos. La tradición, tanto Virus como Los Redondos, ya eran bandas consagradas a nivel nacional y quedaba el recuerdo de esos recitales”.
Porque, y esto lo pudo entender fácilmente el joven, lo
que identificaba a las bandas de la Ciudad no era el sonido. Si bien había similitudes
entre algunas de ellas, existe una diferencia notable de sonido y propuesta
estética dentro de las que entran en la categoría de Rock Platense. Existía ese mito que aseguraba que sólo las bandas
que cruzaban la circunvalación de 32, eran las que lograban el éxito. Esta
nueva escena no tenía la misma visión. Confiaban en su propuesta musical y
escénica diferente. No importaba si debían tocar en pequeños bares donde el
público se mezclaba con ellos en el escenario, lo relevante es que se formó un
circuito donde podían expresarse libremente. Y, como sabemos, donde surge un
circuito, surgen seguidores; y donde surgen seguidores, surge una comunidad.
[1] Entrevista
a Oscar Jalil en el portal “En el patio de atrás” -
http://enelpatiodeatras.com/2012/05/entrevista-a-oscar-jalil
Dentro de las
circunvalaciones había movimiento, y el joven comenzó a conocerlo. Con la
excusa de salir con amigos o invitar a una chica a tomar una cerveza, iba a
cualquier recital que se diera la oportunidad. Pura Vida sería el principal lugar de encuentro, allí es donde las
nuevas bandas dan sus primeros pasos o las ya reconocidas en el circuito, dan
shows íntimos y cargados de energía. Aquí dirían presente bandas como Mostruo!, Norma, Villelisa, Camión, Thes
Siniestros, Un Planeta, La Patrulla Espacial, Crema del Cielo, Pájaros,
Valentín y los Volcanes y Pérez. Sin
embargo, una de sus bandas preferidas de la escena platense actual,
curiosamente, nunca pisaría el escenario de Pura
Vida: se trataba de Él Mató a un
Policía Motorizado. Aunque para el país se mostraba como la nueva banda Indie del momento (que tuvo el mérito de
tocar junto a Pixies y Pavenment en el festival de Barcelona
Primavera Sound del 2010), la banda liderada por Santiago Motorizado sigue
formando parte del Rock Platense.
Aunque haya trascendido las barreras de la ciudad hace tiempo.
“No
pasa nada bueno”, el rock está muerto
En un show programado en el boliche Shapoo en septiembre del 2011, Él
Mató daría la carta de presentación y Peligrosos
Gorriones sería el plato fuerte. El pasado y el presente del rock de la
ciudad se juntaban en una noche. Esa noche el joven estuvo ahí, escuchando y
disfrutando de ver a ambas bandas juntas.
Pudo darse cuenta que ese pasado y ese presente, unidos como podía
vérselos,constituían el futuro del Rock Platense y ( ¿por qué no?) del rock
como movimiento alternativo. Porque después de esa noche, pocas cosas volvieron
a ser igual que antes para el joven. Sólo podía pensar en una cosa, el rock.
como lo conocía antes, estaba muerto.
La teoría de la muerte
del rock, es casi tan vieja como el propio género. Sin embargo, no puede dejar
de pensar en eso. Él ya no se ve representado por la misma música de antes. El
rock no lo representa. Las bandas de la Ciudad, sí. No pudo dejar de pensar en
Miguel Grinberg cuando habló sobre esta posibilidad de ponerle fecha de
defunción al género. “Pienso que estos 40 años tienen un moño encima. De la
misma manera que no va a existir otro Gardel u otro Edmundo Rivero, tampoco va
a haber otro Spinetta, Charly García o Miguel Cantilo. El período histórico del
rock está horneado”[1].
Pero el periodista y ambientalista no dejá ahí cerrada la idea, sino que existe
una continuación en la música: “no sé qué nombre puede llegar a tener, pero
está aflorando una nueva música hecha por una generación que nació bajo el
influjo del rock, pero que lo trasciende. Chicos que se permiten instrumentar
temas para 12, 13, 15 músicos, que ponen cuerdas... y pertenecen a Buenos
Aires. Se está incubando la música de ahora, que no es una versión de la música
de los ’60, ’70 u ’80”[2].
El joven había encontrado un nombre para llamarlo, Rock Platense.
Es
cierto, no va a haber otro Spinetta ni otro Charly. Pero el joven pudo conocer
a un Francisco Bochatón, a un Gustavo Astarista, a Santiago Motorizado, a un
Flaco Sagasti, un Tano Caccavo o a un Kubilai Medina. Son personas que conoció
en y gracias a la radio; pero que tranquilamente pudo habérselas cruzado en
otro lado. Porque los artistas de la ciudad, además de músicos, son empleados
de oficina, docentes de facultad, empleados públicos, fabrican tablas de
longboard, tienen tiendas de ropa o creadores de cerveza artesanales. Porque lejos
de la clásica imagen del rockero reventado al estilo Pomelo que se intenta
vender desde las grandes compañías musicales, los artistas de la ciudad,
desarrollan otras actividades también.
[1] “Hoy
se miente en nombre del rock”, Entrevista para el suplemento NO de Página 12
por Cristian Vitale. SÁBADO, 31 DE MAYO DE 2008 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-10219-2008-05-31.html
[2]
Idem.
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Se agradece y pido disculpas a Santiago Goicoechea, Esteban Sosa y fotógrafos que no conozco sus nombre por las fotos que tomé de internet sin permiso de ellos.


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